martes, junio 26, 2012

La isla del día de antes de Umberto Eco II

Uno de los temas de la novela es el amor con todas sus variantes. Pero cuidado, no tiene nada que ver con una novela rosa.

¿Pediriais a otra persona que escriba una carta por vosotr@s?

--...Un gentilhombre se complace a menudo en redactar cartas para una dama que no ha visto nunca, y yo no soy menos. No amando sé hablar de amor mejor que vos, a quien el amor os hace mudo.
--Mas yo creo que cada persona ama de forma diferente... Sería un artificio.
--Si le revelarais vuestro amor con el acento de la sinceridad, resultaríais torpe.
--Mas le diría la verdad...
--La verdad es una doncella tan vergonzosa cuanto hermosa, y por esto anda siempre tapada.
(pagína 115 de la edición del Círculo de Lectores).

Además de amor, hay mucha técnica (del siglo XVII por supuesto). El tema del cálculo de la Latitud en un navio es importantísimo en la novela.

--La aguja de la brújula debería apuntar siempre hacia el norte y, por tanto, en dirección de la Estrella Polar. Y sin embargo, excepto en el meridiano de la Isla del Hierro (el de las Islas Canarias), en todos los demás lugares se separa del recto polo de la Tramontana, doblándose ahora hacia la parte de levante, ahora hacia la de poniente, según los climas y las latitudes. Si, por ejemplo, desde las Canarias uno se adentra hacia Gibraltar, cualquier marinero sabe que la aguja se inclina más de seis grados de rumbo hacia Maestral, y desde Malta a Trípoli de Barbaria hay una variación de dos tercios de rumbo a la izquierda; y Vuestras Mercedes saben perfectamente que el rumbo es una cuarta de viento. Ahora bien, estas desviaciones, hase dicho, siguen reglas fijas según las diferentes longitudes. Así pues, con una buena tabla de las desviaciones podrían saber dónde se encuentran. Pero...
--¿Aún un pero?
--Desgraciadamente sí. No existen buenas tablas de las declinaciones de la aguna magnética; quien las ha ensayado ha fracasado, y hay buenas razones para suponer que la aguja no varía de forma uniforme según la longitud. Y además esas variaciones son muy lentas, y por mar es difícil seguirlas, cuando luego, el navía no cabecee de suerte tal que altere el equilibrio de aguja. Quien se fía de la aguja es un loco.
(página 202 de la edición del Círculo de Lectores).

Saludos,
A ver si alguien se anima...

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